NUTRI-SCORE

NUTRI-SCORE

Luces y sombras de un sistema complementario de información nutricional al consumidor

Se vislumbra una firme intención por parte del Ministerio de Consumo de introducir un sistema alternativo de información al consumidor sobre la calidad nutricional de los alimentos y bebidas, como herramienta adicional para ayudarle en la toma de decisiones para fortalecer un consumo saludable. Tras esta declaración de intenciones del MIC, se hace necesaria una revisión y reflexión sobre los aspectos más destacables de este sistema complementario de etiquetado nutricional.

El pasado 26 de junio en la comparecencia del Ministro de Consumo, Alberto Garzón, en la Comisión de Sanidad y Consumo del Senado, éste anunció que una de las líneas principales de trabajo de su Ministerio será la protección de la salud alimentaria a través del consumo saludable, y entre otras medidas para abordarla, la aplicación del sistema «Nutri-Score» en España para el primer cuatrimestre 2021. Con posterioridad a este anuncio, el 2 de julio de 2020, el Ministerio de Consumo publicó la consulta pública previa del Proyecto de Real Decreto relativo a la utilización voluntaria del logotipo nutricional «Nutri-Score» en los productos alimenticios, a fin de que, en el plazo estipulado, se formulen las sugerencias y observaciones que se consideren oportunas al mismo.

Parece, pues, una buena ocasión, para hacer una revisión y reflexión sobre los aspectos más destacables de este sistema complementario de etiquetado nutricional.

Qué sistema regula la información nutricional al consumidor en la actualidad

El Reglamento (UE) Nº 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor en su artículo 35, permite, además de la información nutricional obligatoria que debe contener el etiquetado, incluir, con carácter voluntario, un etiquetado nutricional frontal FOPL (Front-of-Pack Nutrition Label) de forma complementaria a la información nutricional obligatoria, sin sustituirla, siempre y cuando se cumplan determinadas condiciones, como que estén basados en estudios rigurosos, tengan amplio consenso, y estén destinados a facilitar la comprensión sobre la importancia del alimento en relación con el aporte energético y de nutrientes de una dieta.

El etiquetado frontal (a diferencia del etiquetado obligatorio, que se sitúa en la parte posterior o lateral del envase) permite visualizar la información nutricional del producto de forma rápida en el momento de la adquisición y se presenta de forma gráfica, siendo más fácil de leer y de interpretar, por lo que este tipo de etiquetado voluntario ha ido ganando adeptos y se han ido introduciendo diversos sistemas para expresar esta información.

De hecho, la Comisión Europea publicó recientemente un informe sobre la utilización de formas adicionales de expresión y presentación de la información nutricional, concluyendo que parece apropiado introducir un etiquetado nutricional de la parte frontal de los envases, armonizado y obligatorio a nivel de la UE y que, a su debido tiempo, la Comisión elaborará una propuesta legislativa al respecto, que se espera para finales de 2022 según se deprende de la Estrategia ‘De la granja a la mesa’ (From farm to Fork) de la Comisión Europea, publicada el pasado 20 de mayo.

Pero mientras no exista un sistema único y armonizado, son varios los países que están apoyando e implantando diferentes propuestas de sistema de etiquetado frontal, y entre los diversos esquemas existentes destaca el denominado «Nutri-Score»

Clasificación de los alimentos según «Nutri-Score»

Como ya se ha dicho, «Nutri-Score» es un sistema gráfico diseñado para ir impreso en el frontal de los envases alimentarios. Su finalidad es la de informar a los consumidores sobre la calidad nutricional de alimentos y bebidas utilizando una escala de letras (de la A a la E, siendo la A los alimentos valorados con mayor calidad nutricional) asociada cada una a un código de cinco colores (de la A verde oscuro a la E naranja oscuro).

De esta manera, tanto la nomenclatura de la A a la E como la coloración de cada letra que representa la clasificación, hacen que sea un logo muy visible y fácil de entender para todos los públicos.

Este algoritmo que determina la clasificación de los alimentos se realiza en función del contenido en nutrientes y determinados ingredientes, por cada 100 g de producto, información que se encuentra en la tabla nutricional obligatoria de cada envase en la parte posterior del pack.

Para el cálculo se utilizan unas tablas que relacionan el contenido en nutrientes/ingredientes con una escala de puntos. Obtienen puntos negativos componentes como la energía, ácidos grasos saturados, el azúcar y el sodio a niveles altos. En cambio, suman puntos positivos la proporción de frutas, verduras y frutos secos, aceites de oliva, de colza y de nueces, y el contenido en fibra y proteínas en altos niveles. El algortimo para el cálculo se puede consultar en la web de Santé Publique France en el siguiente enlace.

El NUTRI-SCORE, un sistema que requiere de revisiones y mejoras para su adaptación en España

Este logotipo se adoptó en Francia y en Bélgica en 2017 y en Suiza en 2019, y se está debatiendo su implantación en otros países europeos (Países Bajos, Alemania, Luxemburgo, Portugal, Suiza e Italia). En España, en 2018 la Ministra de Sanidad reconoció el Nutri-Score como el sistema oficial de información nutricional recomendado y desde entonces, se está estudiando como sistema de implantación en España.

Una de las adaptaciones del sistema para España ha sido la modificación de su algoritmo para considerar positivamente el contenido de aceite de oliva en los alimentos, puesto que en la versión original su puntuación, por ser una grasa, salía negativa a pesar de sus múltiples beneficios para la salud. A principios de junio el Comité Científico de la AESAN publicó un Informe sobre la aplicación en España del sistema de etiquetado Nutri-Score de información sobre la calidad nutricional de los alimentos, en el que valora esta modificación como una mejora y concluye, entre otras cosas, que sería necesario seguir identificando aspectos susceptibles de ser incorporados para la valoración nutricional de alimentos y bebidas característicos de la dieta española.

Vemos ahí una oportunidad para intentar mejorar ciertos aspectos del algoritmo de puntuación que se consideran revisables; algunos, para salvaguardar productos tradicionales típicos de nuestra gastronomía, como incluir una consideración positiva para las harinas de legumbres o para las pipas de girasol (por poner algún ejemplo de alimentos básicos de nuestra dieta mediterránea); o que se tengan en cuenta en la base de referencia de los criterios nutricionales conceptos como la Ración y Frecuencia Recomendada, para no perjudicar a los alimentos que habitualmente se consumen en cantidades más bajas, por ejemplo.

Cómo hacer frente a los retos de salud pública

A pesar de que inicialmente parezca un sistema útil, que facilita la interpretación del etiquetado de forma rápida, se corre el riego de que los productos alimenticios no se consideren en su contexto más amplio, como parte de la ingesta nutricional.

Si la función que se pretende con su implantación en España es abordar los retos de salud pública que prevé un augmento de las enfermedades crónicas (obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial, etc.), la clasificación de los alimentos mediante este sistema tan visual que categoriza los alimentos en sanos o insanos, no parece la mejor manera de catalogarlos si su implantación no viene acompañada de una formación previa del consumidor que le permita conseguir un equilibrio entre sus necesidades nutricionales en función de la edad, sexo y estilo de vida, su situación y el suministro de nutrientes aportados en diversa proporción y de distintas fuentes.

Para erradicar el aumento de las enfermedades crónicas, hay que tener en cuenta no solo las propiedades nutricionales de los alimentos en el momento de compra, sino también la cantidad y la frecuencia del consumo, en definitiva, el equilibro de la dieta global incluidos los procesos de cocción de los alimentos en casa y una vida en general con hábitos saludables.

La puesta en marcha de un etiquetado frontal del envase fácil de interpretar debe estar apoyada en la educación del público ya que de lo contrario, puede añadir confusión al ciudadano y resultar contraproducente.

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